“Hasta aquí nos ayudó Jehová.” — 1 Samuel 7:12
Entramos en los dos últimos meses del año.
Y quizá, al mirar hacia atrás, piensas en todo lo que sí pasó… pero también en lo que no salió como esperabas.
Planes que cambiaron. Oraciones que todavía no tienen respuesta. Personas que llegaron y otras que se fueron. Días buenos, días difíciles, momentos en los que te sentiste fuerte y otros en los que apenas pudiste seguir adelante.
Pero aquí estás.
Y eso también dice algo.
A veces esperamos llegar a diciembre para hacer memoria, pero quizá este sea un buen momento para detenernos y reconocer algo que podemos olvidar en medio de la rutina: Dios ha estado presente durante todo el camino.
Estuvo en las respuestas que entendiste y también en aquellas que todavía no comprendes.
Estuvo en las puertas que se abrieron, pero quizá también te cuidó a través de algunas que se cerraron.
Estuvo en esos días en los que sentiste mucha fe y también en aquellos en los que tu oración fue simplemente: “Dios, ayúdame”.
Tal vez el año no se parece exactamente a lo que imaginaste cuando comenzó. Pero la fidelidad de Dios no depende de que todo haya salido perfecto.
A veces su presencia se manifiesta en cosas que parecen pequeñas: la fuerza para levantarte una mañana más, una persona que llegó justo cuando la necesitabas, una provisión inesperada, una conversación, una oportunidad, un abrazo o simplemente la paz para continuar.
Todavía queda camino
Que queden dos meses para terminar el año no significa que tengas que correr para cumplir todo aquello que aún aparece pendiente en tu lista.
Quizá estos meses sean más bien una invitación a caminar con mayor conciencia.
A agradecer.
A soltar.
A confiar.
A preguntarle a Dios qué quiere enseñarte antes de que termine esta etapa.
Porque no necesitas llegar al final del año con una vida perfecta. Puedes llegar reconociendo que, aun entre altas y bajas, Dios no dejó de caminar contigo.
Y si Él te sostuvo hasta aquí, puedes confiarle también lo que queda del camino.
Una oración para este momento
Señor, gracias porque al mirar hacia atrás puedo reconocer que no he caminado solo.
Gracias por los días buenos y por haberme sostenido también en los difíciles.
Perdóname por las veces en las que estuve tan concentrado en lo que me faltaba que olvidé agradecer por todo lo que ya habías hecho.
Hoy pongo delante de Ti estos últimos meses del año.
Mis planes, mis pendientes, mis preocupaciones y también mis sueños.
Ayúdame a no vivirlos con ansiedad, sino con confianza.
Que pueda terminar este año más cerca de Ti y con un corazón capaz de reconocer tu fidelidad en cada etapa.
Amén.
Antes de seguir corriendo hacia el final del año, detente un momento y pregúntate: ¿en qué momentos puedo reconocer que Dios estuvo conmigo este año?